FECHA 50: “LLAMEN A MICHAEL KNIGHT”
Imaginemos dos coches de alto poderío, dos máquinas aceitadas listas para la carrera, no de idéntico porte, quizá uno un poco más veloz que el otro pero que a priori prometen brindar una linda carrera. Ahora imaginemos que tomamos a los pilotos y los ponemos a todos en uno sólo de los vehículos y el otro queda sin conductor, ¿cómo terminaría la carrera?. Ahora traslademos esto a dos equipos, enfrentados en cotejo de 60 minutos, y el resultado salta a la vista. Así fue, señores, el partido de
Por un lado el equipo A con Martin al arco, Ceri y Dami a la defensa, Lalo al medio y Nico arriba. Enfrente el equipo B con Lucho al arco, Chizi y Fede a la defensa, Diega al medio y Marceibu al frente.
En el principio se empezaron a dilucidar los problemas que terminarian marcando el partido. Si por un lado el equipo B no terminaba de definir correctamente sus posiciones, por el otro el A evolucionaba en su formación buscando la rotación ideal. Los problemas se empezaron a ver en el equipo B ya desde el comienzo: Diega no se sentía cómodo en la función de mediocampo y se tiraba para adelante, dejando una brecha muy grande entre la defensa y el ataque que había que suplir con pelotazos desde el fondo que morían en la nada. En cambio el equipo A, aprovechándose también de esto, avanzaba ordenadamente y muchas veces de contra (no porque estuvieran parados así sino por la cantidad de pelotas perdidas) y con buen pie llegaba en superioridad al arco rival. Mientras, el equipo B con su formación sin un medio definido, quemaba piernas que pagaría más tarde, principalmente de parte de los atacantes que debían bajar a colaborar en la defensa constantemente. Ya avanzado el cotejo y sin soluciones a la vista, el equipo B rota a Marceibu por Chizi para que el segundo intente tomar el medio y llegar con pelota dominada, pero las cartas estaban echadas y Chizi terminó cayendo también en el vicio de pararse en el ataque, lo cual dejó nuevamente el medio acéfalo y la brecha se mantuvo hasta el final del partido. Y como contra cara el equipo A terminó de aceitar la máquina dejando la formación con un Ceri clavado en defensa y Lalo, Dami y Nico alternando por toda la cancha en un hermoso show de relevos y buen fútbol, donde todos fueron conductores y delanteros.
Sobre el final los esfuerzos del equipo B dieron sus frutos derivando en sucesivas acciones de gol que, ya fuera por la pericia de Martin (siempre bien parado) o por la falta de puntería de los delanteros, no terminaron con la pelota en la red. Esto dejaba todo servido para una amplia diferencia del equipo A, pero en este caso abusaron mucho del individualismo y terminaron chocando con Lucho y con los defensores.
El partido terminó en un cerrado 6-3 (eso escuchó el cronista al final del partido) pero no hay que engañarse: un equipo puso mucho huevo y el otro mucho fútbol; sin embargo señores, sin conducción, sólo el auto fantástico se maneja sólo.